Tras tener una audiencia con la Zarina, recibir su Engaño y heredar el nombre de “Arlecchino”, alguien convocó a la joven Sota a título individual. Se trataba del director Pierro, que ocultaba la mitad de su rostro con una máscara. “Sé que aún tienes muchas dudas e insatisfacción, y estoy dispuesto a responder cinco preguntas, ya sean sobre el mundo... o sobre ti misma. No hace falta que me pidas promesas o que me preguntes por los planes de los Fatui o los ideales de su majestad la Zarina. Esas cuestiones te las responderé sin reservas”. Arlecchino no terminaba de fiarse de la sinceridad de Pierro, por lo que alegó: “En ese caso, permíteme decir que no me gusta lo confuso y lo ambiguo, así como los juegos de palabras y las mentiras”. “Muy prudente por tu parte. Bien, entonces responderé a tu primera pregunta: ¿por qué te escogimos a ti y por qué aceptaste? Porque las personas inmaduras mueren por seguir sus ideales, mientras que las maduras están dispuestas a sobrevivir sea como sea con el fin de conseguir su objetivo”. ... “Tercera pregunta: ¿por qué no dejo de soñar con una luna carmesí y qué demonios significa mi poder?”. “En el pasado, serví a la última dinastía del antiguo reino subterráneo, la llamada dinastía del Eclipse, y antes de ella estaba la dinastía de la Luna Carmesí. En cuanto a ti y los secretos de antes de que nacieras... te recomiendo leer «Hleobrant el enamorado». No solía leer ese tipo de historias cuando estaba metido en el mundo académico, pero justo ese libro sí lo leí. Aunque la veracidad de su historia es dudosa, los detalles más importantes son extremadamente precisos”. ... “Quinta pregunta: ¿qué nos pasará a mí y a los integrantes de la Casa de la Hoguera cuando todo termine?”. “Para serte sincero, ninguno de ustedes tiene lugar dentro de mis ideales, pues lo único que busco es que se implemente la moral fatua. Sin embargo, puedo prometerte que, una vez que lo consigamos, la Zarina volverá a ser una diosa que ama a toda la humanidad, y los deseos de todo el mundo se cumplirán dentro de sus ideales”. Aunque el término “moral fatua” era confuso y ambiguo, Arlecchino aceptó la respuesta. Cuando el Fatui hubo respondido sus cinco preguntas, la bruma que nublaba los ojos de Arlecchino se disipó. “Arlecchino”, la llamó Pierro cuando ya se disponía a marcharse. Ella se dio la vuelta. “En vez de meditar sobre cómo es el mundo, deberías meditar sobre hacia dónde se dirige”. Arlecchino se volvió y siguió caminando hacia delante. Su única respuesta fue el sonido de sus pasos.