Arlecchino, Historia 3

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La Casa de la Hoguera era completamente distinta antes de que madre reescribiera sus reglas. Aunque el nombre de la anterior Sota era Crucabena, muy poca gente la llamaba así; los niños se referían a ella como “madre”. Y de verdad parecía una madre perfecta: risueña, cariñosa, dulce, siempre preocupándose por sus niños y contándoles todo tipo de historias. Sin embargo, cualquiera que no hubiera crecido junto a ella sentiría escalofríos al escuchar tales relatos... Hablaba de cosas inimaginablemente crueles como si de hermosos cuentos infantiles se trataran, con el fin de instar a que los niños de la Casa de la Hoguera se mataran entre sí para poder escoger a un poderoso “rey”. Aunque se hacía llamar “madre”, jamás vio la Casa de la Hoguera como una familia y, para ella, los incontables sacrificios no eran más que un entretenido experimento. ... Antes de que la joven Arlecchino asumiera el cargo de La Sota y se cambiara el nombre, todos la conocían como Peruere. Al igual que los demás niños de la Casa de la Hoguera, ella también era una huérfana de origen incierto, así como “hija” de su “madre” Crucabena. Mucha gente era consciente del favoritismo que tenía Crucabena por Peruere, y de que se preocupaba mucho más por ella que por su propia hija biológica, Clervie. Es por eso que muy pocos entendieron que Peruere pagara los cuidados recibidos a su madre con una sanguinolenta muerte. Como los perturbadores experimentos de Crucabena ocurrían en un lugar muy apartado, muy poca gente sabía de su existencia. Por esto, Peruere acabó siendo tachada de matricida tras asesinar a Crucabena, y su locura fue conocida por todos. ... Cuando las cosas se calmaron, Peruere —entonces ya bajo el nombre de “Arlecchino”— no dio ninguna explicación. No solo dejó que los rumores siguieran circulando, sino que incluso ella misma los alimentó. Ya fuera como diplomática o como asesina, lo más importante era adelantarse siempre a su rival, por lo que ser una incógnita la beneficiaba. En la actualidad, en el lugar en el que Arlecchino mató a su madre, hay una pequeña lápida que reza: “Aquí yace el resplandor del ocaso para recibir el ascenso del alba”.

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